28 de noviembre de 2014

Estado y participación ciudadana: dos caras de la misma moneda.

Estamos centrados en la política pública que a nivel mundial ha enriquecido de manera significativa las características de la participación ciudadana, y me refiero por supuesto a la política de gobierno abierto.
Ya han sido varios los actores que han hablado de esta política global, comenzando por el Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos, secundado por algunos institutos locales como lo es el InfoDF.
Sin embargo el impacto de esta política está unida fundamentalmente con un valor que, perdónenme el atrevimiento, hemos perdido: la tolerancia.
Uno de los ejes más importantes de esta política se vincula directamente con la creación de un puente de comunicación estrecha entre las autoridades —léase servidores públicos— y los ciudadanos —léase comunicólogos, periodistas, profesionales, vendedores ambulantes, taxistas, amas de casa, trabajadoras del hogar, mujeres, hombres, adolescentes, discapacitados, estudiantes, profesores y una amplia lista de etcéteras— a efecto de construir un diálogo para construir un bien común.
¿Qué pasa entonces cuando construimos un grupo plural? Este se vuelve radical por defender los intereses de quienes representan, algunos por el reclamo fundado del olvido en el que los tienen los que ejercen el poder, otros enojados por la falta de reconocimiento de su trabajo, por otros que no lo hacen bien.
Me ha tocado estar en los dos bandos y créanme que los reclamos son totalmente válidos de ambos lados pero cuando se sientan a la mesa a construir, no pueden hacerlo sin antes, primero, destruirse.
Esto no del todo es malo. Me parece que habrá que romper esas barreras tangenciales respecto de los polos que pueda tener la política en México; sobre todo en la problemática social en la que estamos inmersos.
Pero si me permiten, iré más allá. He vivido últimamente ligeros debates respecto a nuestra realidad social, pero al final, si bien me va, termino con un final de telenovela que pareciera decir: Eres arbitrario al no pensar como yo.
 Si seguimos conduciéndonos con severas transigencias, no llegaremos a ningún acuerdo. Y por supuesto que la política de gobierno abierto lo que busca no es sólo romper la barrera de enfrente. Esa ya está abierta. Contamos con mecanismos para acceder a la información y la ciudadanía ha ido aprendiendo a preguntar. Pero una vez que estamos adentro ¿qué hacemos? ¿cómo reclamamos?
Es entonces cuando, pregunto querido lector, ¿cuántas veces ha realizado una solicitud de información? ¿cómo ha increpado a su representante en la cámara de diputados sobre alguna inasistencia de alguna comisión que le interese? La maquinaria no se mueve sola. Se necesita del factor humano, que somos todos, tengamos la cachucha de ciudadano o el tarjetón de servidor público.
Ambas posturas tienen que consolidarse con argumentos válidos que traten de convencer, nunca de imponer. No se gana el debate gritando, sino arguyendo enunciados que permitan demostrar el sentido del punto que pretendemos poner sobre la mesa.
Recientemente, se han visto diversos actos de parlamento abierto en el Senado de la República. Desde las entrevistas a los candidatos, por ejemplo, del presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos o bien como la construcción de la Ley General de Transparencia y Acceso a la Información. Estos pasos son sumamente importantes en la correlación gobierno-sociedad pero estos son los primeros pasos rumbo a la construcción de políticas públicas que tengan impactos mayores. Y para estar preparados para ello necesitamos de la audacia de ser tolerantes. Todos tenemos una historia y un reclamo pero ¿qué pasaría si ese reclamo lo convirtiéramos en una historia de éxito que trascendiera? Ahí podríamos estar en presencia del verdadero cambio.

La construcción de un cambio de paradigma no es instantáneo, debe ir incrementando con el tiempo, pero me parece un atino el destacar que en el camino andamos y que la responsabilidad está en el Estado. Y el Estado se conforma por territorio, gobierno y sí, población. El Estado, somos todos.


Especialista en derecho de la información y
maestrante en derecho por la UNAM.
@lenna_m

No hay comentarios.:

Publicar un comentario